Cuándo los tacones cuentan lo que la historia calla
Del flapper shoe a la plataforma de 20 cm: un recorrido sociológico por los altibajos del deseo, el mercado y la moda.
Si la economía no es lo tuyo y no tenés idea de lo que pasa en la bolsa, tranquilo: yo te explico.
Existe un mito moderno —repetido en foros financieros y revistas de moda— que afirma que mientras peor está la economía, más alto se vuelve el taco del zapato.
¿Exageración? ¿Coincidencia histórica? ¿O una verdad incómoda disfrazada de anécdota fashion?
Para entenderlo, hay que mirar el pasado no como una línea del tiempo, sino como un enorme vestidor donde cada década eligió un calzado según su ánimo colectivo.
1920s — Libertad, reconstrucción y el tacón que se achica
En Estados Unidos, la posguerra era euforia pura. Los “locos años veinte” celebraban el jazz, el charleston, el cine, la producción masiva y la publicidad.
La mujer abandona el “vestirse para ser mirada” y adopta el “vestirse para moverse”. Aparece el flapper shoe: taco bajo, práctico, hecho para bailar y andar con libertad.

Europa, en cambio, era escasez. La guerra había dejado inflación, territorios destruidos y una sociedad en reconstrucción.
El taco bajo no es estilo: es necesidad.
Dos mundos, un mismo zapato… por razones opuestas.
A finales de la década llega el crack del 29. Empresas quebrando, fortunas evaporadas, incertidumbre total.
El tacón se eleva como pequeño refugio simbólico en medio del derrumbe, aunque la producción es limitada: el deseo sube, la realidad lo frena.
1930s–1940s — Crisis, guerra y fantasías que solo sobrevivieron en Hollywood
La Segunda Guerra Mundial lo condiciona todo.
El calzado se vuelve rudo, resistente, funcional; la vida diaria exige sobrevivir, no estilizar. Los tacos bajos dominan la calle.

El glamour persiste… pero solo en Hollywood. Allí sobreviven los zapatos brillantes, imposibles, casi utópicos.
Un mundo de fantasía sin impacto real en el uso cotidiano.
1950s — Prosperidad, pin-ups y el nacimiento del stiletto
Europa respira prosperidad: crece la clase media, vuelve la estabilidad, renace la idea del hogar moderno.
La figura pin-up redefine la feminidad y aparece el stiletto, fino y alto, símbolo de sensualidad y glamour.

– En la ultima foto se observa a Roger Vivier y su icónico stiletto de 1954, el tacón que inauguró una era –
Acá la teoría se complica: economía en alza, tacón alto.
La conclusión: el índice no es lineal; está mediado por publicidad, cine, moralidad y roles de género.
1960s — Juventud rebelde, cambios sociales y la comodidad como bandera
Década explosiva: movimientos sociales, revolución cultural, nuevas identidades.
La economía va bien, pero la sociedad quiere comodidad.
La juventud —nuevo actor del mercado— exige un calzado práctico, apto para trabajar, estudiar, moverse y protestar.
Los kitten heels, las botas y los zapatos funcionales ganan protagonismo.

– Publicidad de zapatos Bally en 1967 (foto 2) –
Los 60s dejan claro que la altura del tacón responde tanto a la economía como a las tensiones sociales..
1970s — Crisis del petróleo y plataformas como escape de la realidad
Crisis económica global, petróleo inaccesible, producción limitada.
Frente a la dureza cotidiana, la sociedad busca un escape: disco, glam y rock.
Las plataformas explotan, para mujeres y hombres.

– John Travolta en pleno auge disco, luciendo las plataformas icónicas de los 70 –
El tacón sube como exageración necesaria, como vía de evasión simbólica frente al pesimismo.
1980s — Ambición, poder y el stiletto como armadura
Surgen los yuppies, la cultura del éxito y el neoliberalismo.
Las mujeres ingresan masivamente al mercado laboral y nace el power dressing: trajes, hombreras y stilettos altísimos.

– Publicidad “power dressing” de los 80s (foto 2) –
El tacón ya no es refugio ante la pobreza, es símbolo de poder.
Veblen lo llamaría consumo conspicuo: estatus por encima de la funcionalidad.
1990s — Minimalismo global y el descenso del tacón
Fin de la Guerra Fría, recesiones moderadas, auge de la nueva economía.
El maximalismo ochentoso cae y el minimalismo se impone.

– Naomi Campbelle, en el desfile FW 1991 de Versace –
El zapato se simplifica: tacón bajo y ancho, plataformas moderadas, auge de la bota y la zapatilla.
Nada que demostrar. Nada que exagerar.
2000s — Boom, colapso financiero y tacones al límite
Los 2000 inician tranquilos… hasta 2008.
Wall Street colapsa y el tacón llega a uno de sus máximos: casi 20 cm en promedio!

De ahí nace la frase: “cuanto peor la economía, más alto el stiletto”.
2010s — Athleisure, regulación y la comodidad como nuevo lujo
Pero… en los 2010 el mundo cambia:
- regulación económica
- desempleo tras la crisis
- auge del athleisure (estilo deportivo para el día)
- comodidad como nuevo lujo
Las zapatillas reemplazan al tacón.

– Lady Diana fue una gran portadora del estilo “athleisure”-
2020 — Pandemia, encierro y desaparición del tacón
Y en 2020, la pandemia lo termina de sepultar: pantuflas, chanclas, crocs. El tacón desaparece del día a día y reaparece, tímido, recién en 2022.
Hoy conviven plataformas, flats, ballerinas y chunky shoes.
Una moda híbrida donde manda el confort.

Entonces… ¿sirve o no sirve el índice del taco alto?
Mi opinión…
El índice del tacón alto no predice la economía.
Pero sí revela algo más profundo: el pulso emocional de cada época.
Los centímetros del zapato son cápsulas históricas: cuentan cómo enfrentamos la escasez, cómo celebramos la abundancia, cómo escapamos del miedo y cómo buscamos pertenecer.
No es una ley. Es un relato.
Una metáfora sociológica que nos invita a mirar qué emociones colectivas se esconden en los pequeños detalles del guardarropa.
Al final, la historia no está en el tacón… sino en cómo aprendimos a sostenernos sobre él.
