Capítulo I
inventar un mundo para habitarlo
Galliano no diseñaba ropa: diseñaba personajes, atmósferas y heridas vestidas de belleza.
Tal vez hablar de John Galliano sea, para mí, entrar en un territorio incómodo: el lugar donde conviven el deslumbramiento y el conflicto. Porque por un lado, Galliano es contradicción; es exceso; es deseo llevado a escena. Y, al mismo tiempo, es esa clase de talento que te deja sin palabras para “explicar” lo que acaba de pasar… como si la moda, por un rato, volviera a ser un idioma secreto.
Con él, la ropa no “viste”: narra. Te empuja a pecar de mirada. Te satura de placer visual. Te arrastra hacia otro tiempo. Galliano casi nunca se queda en el presente, y ahí está mi debilidad: ese modo suyo de abrir una puerta a lo nostálgico y hacerte parte de el. Como cuando escuchás una canción que amás y de golpe el cuerpo está en otro lado (yo sé que vos sabés de lo que hablo). Bueno, él hacía eso, pero con una manga, un corset, un dobladillo…
AMO decirlo, para mí, fue de los directores creativos más potentes de la moda contemporánea. Y lo digo sin romantizarlo.
Porque tampoco vamos a tapar el sol con un dedo: su vida personal tuvo momentos oscuros y decisiones indefendibles. La grandeza creativa no cancela la responsabilidad. Si lo traigo igual —si lo escribo— es porque me interesa esa tensión: cómo un hombre puede construir mundos de belleza casi sobrenatural y, a la vez, fallarse a sí mismo de maneras brutales. A veces me gusta pensar (es una hipótesis íntima) que en esas piezas que nos dejó, dejaba salir su desborde como quien abre una jaula. Como si diseñar fuera su forma de sentir poder cuando todo lo demás se le desordenaba adentro.

– Primer imagen: Christian Dior S/S 1997. Segunda imagen: Christian Dior prêt-à-porter S/S 1998. Tercer imagen: John Galliano S/S 1992 –
¿de dónde sale esa necesidad de fantasía?
Galliano nació en Gibraltar en 1960 y, a los seis años, se mudó con su familia a Peckham, al sur de Londres: un barrio excéntrico, vibrante, multicultural, donde los acentos y las identidades convivían como un collage vivo. Peckham le enseñó a mirar el mundo como mezcla, como contraste, como escena.
Pero fue el Victoria & Albert Museum el lugar donde esa mirada encontró un lenguaje. Entre esculturas, textiles y objetos de otras épocas, John descubrió un territorio donde la mente podía viajar sin pedir permiso. Ahí empezó a enamorarse del pasado —no como nostalgia, sino como romanticismo histórico: la idea de que una prenda puede contener un siglo, una tragedia, un personaje. En ese cruce entre el caos real del barrio y la belleza archivada del museo, se formó su visión.

– El museo donde Galliano absorbió historia: el Victoria & Albert Museum.
Entre sus salas nació la pasión que hizo posible una de sus colecciones más icónicas, “Princess Lucretia”, inspirada en una princesa rusa –
Este es el primer paso para entender a Galliano: comprender sus inicios, su cultura, su visión. Conocer a John antes del mito. En el próximo capítulo, St. Martins: el lugar donde esa mirada se afila… y se vuelve destino.
