capítulo iiI

Cuatro actos de un mismo personaje: Galliano

De su marca al susurro de Givenchy, del cine en Dior al renacimiento en Margiela.

Desde su graduación hasta ser nombrado director creativo de Givenchy, Galliano vivió una contradicción dolorosa: hacía desfiles deslumbrantes, pero no eran rentables y el dinero nunca alcanzaba. La presión llegó al límite en 1993, cuando no pudo presentar por falta de presupuesto.

En FW 1994, con recursos mínimos, se negaron a aceptar un “no”. Fue entonces cuando Anna Wintour y André Leon Talley intervinieron: activaron contactos, apoyo y una red de ayuda para que Galliano pudiera seguir mostrando su trabajo.

– John Galliano F/W 1994 — en pasarela, el desfile que marcó su recomposición dentro del sistema de la moda: romanticismo histórico, teatralidad y una precisión que volvió a poner su nombre en el centro –

La escena más simbólica fue casi de película: organizaron un almuerzo para pedir un favor clave y consiguieron prestada una maison, como sede del desfile. En esa mezcla de precariedad y determinación, Galliano sostuvo su nombre en el calendario… hasta que la industria finalmente lo “institucionalizó” con Givenchy.

galliano en una jaula de seda

En 1995 lo nombran director creativo de Givenchy (sí: un británico al mando de una maison francesa, en pleno sistema-LVMH).

Y aunque solo estuvo un año, a mí me fascina su paso por ahí por una razón muy simple: no se diluyó. Givenchy era refinamiento, códigos cerrados, una elegancia casi intocable… y aun así Galliano no se volvió “correcto”: se volvió Galliano dentro de una jaula de seda.

Su esencia siguió ahí: la narrativa, el drama, la mujer como personaje, la moda como escena. Solo que, en lugar de gritar, susurró con precisión. Refinó el exceso sin apagarlo. Y eso es lo que lo hace tan interesante: demostró que su identidad no dependía del caos ni del presupuesto, sino de su mirada.

Primer y tercer imagen: Givenchy Couture F/W 1996. Segunda imagen: Givenchy Couture S/S 1996 –

el gran teatro

Y un año después, en 1996, LVMH lo mueve a Christian Dior. Acá es donde, para mí, Galliano se vuelve cineasta.

En Dior, la emoción era la meta. La ropa te podía incomodar, seducir, aplastar de nostalgia o subirte la adrenalina. Y no solo por el vestido: por el mundo completo. Peinados, maquillaje, accesorios, música, escenografía… todo conspiraba para que la pasarela dejara de ser pasarela y se volviera un portal.

– Cierre del icónico desfile donde John Galliano le regaló la Belle Époque al público de Dior: Haute Couture S/S 1998

Galliano entendía algo que mucha gente olvida: que el cuerpo no solo porta una prenda; actúa. Y él dirigía esa actuación con una precisión casi cruel. Era barroco cuando quería, Belle Époque cuando le daba la gana, años 20 si necesitaba que el público respirara otro aire. El presente, casi siempre, le quedaba chico.

Para mí, su etapa en Dior fue, sin dudas, la mejor. Veo sus diseños y veo el ensueño Dioruna fantasía elegante— aunque, a veces, su mirada era filosa. Con los años, John siguió conservando su esencia: a veces más histórica, a veces más atrevida, pero siempre dirigida como una película donde nada era “por que si”.

Primer imagen: Dior S/S prêt-à-porter 1998. Segunda imagen: Dior Couture S/S 1997. Tercer imagen: Dior Couture S/S 2007 –

Y, sin embargo, el corte fue abrupto. A fines de febrero de 2011 estalló la polémica por sus comentarios (y el video que circuló entonces), Dior lo suspendió y poco después fue despedido, y por un tiempo Galliano desapareció del mapa de la moda.

En esos años de “exilio”, se habló de trabajo en silencio: por ejemplo, en 2013 se supo que Oscar de la Renta lo recibió temporalmente en su estudio de Nueva York para colaborar detrás de escena.

la segunda piel: maison margiela

En 2014 vuelve oficialmente a un gran rol creativo como director de Maison Margiela.

Acá pasa algo interesante: su teatralidad sigue existiendo, pero se siente distinta. Como si la fantasía hubiera aprendido a hablar más bajo. No menos intensa, solo más contenida, más consciente del peso público de su nombre.

Primer imagen: Margiela S/S 2017. Segunda imagen: Margiela Artisanal S/S 2024. Tercer imagen: Margiela S/S 2015 –

Para mí, esa etapa es Galliano con freno y filo: la emoción sigue, la artesanía se vuelve manifiesto, y la narrativa se hace más rara, más experimental, más “laboratorio”. Un transgresor, sí —pero con cicatrices a la vista.

Hoy, Galliano no ocupa públicamente una silla de dirección creativa: desde que se despidió de Maison Margiela en diciembre de 2024, lo que viene después sigue siendo rumor, deseo, proyección. Y si alguna vez se fantaseó con “el regreso”, la industria ya movió otras piezas —Dior, por ejemplo, nombró a Jonathan Anderson como director creativo.

Pero incluso fuera de cartelera, Galliano no deja de existir: porque nunca fue solo diseñador. Fue —y para mí sigue siendo— el hombre que convirtió la pasarela en teatro. Entendió que el cuerpo no viste una prenda, interpreta un papel, y que la moda, cuando es verdad, no se mira… te pasa por dentro.