Demna en Gucci y el arte de tensionar la herencia

Entre códigos históricos y una mirada propia, su debut marca el inicio de un nuevo capítulo para la casa.

Tuve varios sentimientos encontrados con Demna en Gucci. Por un lado, me sorprendió. Creo que había en mí cierto miedo a que ocurriera lo mismo que con Balenciaga: una presencia demasiado invasiva de su propio universo, capaz de absorber por completo la identidad de la casa. Pero, por otro, me encantó. Porque en muchos de los looks sentí algo que asocié inmediatamente con una elegancia muy italiana: atrevida, emocional, sensual y profundamente segura de sí misma. Y, además, hubo una sensación inevitable de archivo, de ecos, de una memoria estética que, por momentos, me remontó a una de las épocas más icónicas de Gucci: la de Tom Ford.

Un día antes del desfile, Demna anticipó su intención a través de un comunicado que, más que una introducción, funcionó como una declaración de principios. Allí dejó en claro que Gucci no fue construida sobre las bases de la alta costura, sino sobre algo mucho más visceral: la emoción. Y resumió esa idea con una frase que, en muchos sentidos, define el espíritu de la marca: “Gucci es drama, pasión, exceso, contradicción, amor y odio, triunfo y derrumbe, orgullo y vulnerabilidad, perseverancia, caos, genialidad. Todo lo que podrías decir de un ser humano, puedes decirlo de Gucci.”

La pregunta, entonces, era inevitable: ¿logró traducir todo eso en esta colección?

Desde mi mirada, sí, aunque no de manera uniforme. Y quizás allí reside parte de lo interesante. La colección me dejó la sensación de un nuevo aire: más sensual, más atrevido, más pasional. Un aire que no se siente frío ni distante, sino cargado de deseo, tensión y presencia. Una italianidad reinterpretada desde el universo de Demna, pero sin perder del todo ese magnetismo tan propio de la casa.

El primer código: herencia y moda como dos amantes

Hay una idea que, para mí, atraviesa toda la colección: Demna entendió que en Gucci la herencia y la moda no pueden funcionar como opuestos. Tienen que convivir. Tienen que atraerse. Tienen que convertirse, en cierto modo, en amantes.

Gucci siempre ha sido una casa marcada por la dualidad. Por un lado, existe el producto, la artesanía, el legado. Por el otro, existe la emoción, el exceso, el drama, la capacidad de construir deseo. Esa convivencia entre historia y provocación es parte esencial de su ADN. Y esta colección parece comprenderlo con claridad: no intenta borrar el pasado, sino volver a seducirlo.

La historia de Gucci, además, ha sabido hacer algo fundamental para seguir vigente: transformarse sin perder su centro. Algunas veces conservando sus códigos casi intactos, otras adaptándolos a la sensibilidad de una nueva época. Y justamente ahí está la fuerza de una marca que quiere seguir viva: en no quedarse detenida en su propio archivo.

Florencia, Botticelli y la construcción de un imaginario sensual

Gucci es italiana. Más precisamente, florentina. Y pensar en Florencia es, inevitablemente, pensar también en uno de los grandes nombres del Renacimiento: Botticelli. Ahí aparece una conexión que me resulta especialmente interesante para leer esta colección.

Si observamos El nacimiento de Venus, vemos una obra atravesada por ideas como el amor, la sensualidad, la belleza y la confianza. El cuerpo aparece no solo como forma, sino como portador de una emoción. No es un cuerpo vacío: es un cuerpo simbólico, casi espiritual, que expresa deseo, delicadeza y poder al mismo tiempo.

Y creo que esa lógica puede ayudarnos a entender parte del universo que Demna intenta construir en Gucci. Porque esta colección, en muchos sentidos, parece trabajar justamente sobre eso: sobre el cuerpo como superficie de expresión emocional. Sobre la ropa como lenguaje de seducción, de tensión y de presencia.

Incluso la ambientación reforzaba esa lectura. Había una atmósfera que remitía a un imaginario clásico, casi escultórico, con referencias que evocaban la Roma Antigua y el peso visual de las formas grecorromanas. Todo eso sumaba una capa más a la colección: la de una sensualidad que no nace solo del cuerpo, sino también de la historia y del símbolo.

Los códigos del desfile: sensualidad, tensión y provocación elegante

Pero, por supuesto, el punto más importante está en la ropa. Y es allí donde la colección se vuelve verdaderamente interesante.

Los looks se movieron entre estampados florales oscuros, destellos de color y una riqueza de texturas que construía una idea muy precisa: la de una provocación elegante. Cuero, satén, pieles, sedas, encajes y el universo de la GG reaparecieron bajo una mirada más contemporánea, más afilada y más tensa. No como un simple ejercicio de nostalgia, sino como una relectura.

1. La sensualidad como lenguaje

Uno de los códigos más evidentes fue la sensualidad. Pero no una sensualidad obvia o exagerada, sino una más sofisticada. La colección trabajó con una provocación sutil, construida a través de materiales que rozan, marcan, envuelven y revelan. Los looks parecía insinuar que bajo la superficie hay una personalidad poderosa, segura y consciente de sí misma.

– Gucci Milán Fashion Week 2026 –

2. La dualidad entre suavidad y tensión

También hubo un juego muy marcado entre opuestos. Por un lado, drapeados y caídas más suaves, casi liberadas, que remitían a una sensibilidad más fluida, casi neoclásica. Por el otro, cuero ajustado al cuerpo, con una tensión visual que por momentos rozaba lo fetichista. Esa convivencia entre lo blando y lo rígido, entre lo etéreo y lo agresivo, me parece uno de los puntos más magnéticos de la colección.

– Gucci Milán Fashion Week 2026 –

3. El archivo como eco

En ciertos momentos, la colección pareció mirar hacia atrás. No de una forma literal ni como reproducción exacta, sino como un reojo. Hubo una energía que remitía a ese Gucci que convirtió la sensualidad en uno de sus grandes lenguajes de poder. Y ahí fue imposible no pensar en Tom Ford. No porque Demna estuviera citándolo de forma directa, sino porque reapareció esa idea del cuerpo como territorio de seducción, del glamour oscuro, del deseo como herramienta estética.

A la izquierda, Gucci S/S 1996 by Tom Ford. A la derecha, Gucci Milan Fashion Week 2026 by Demna Gvasalia.
Dos épocas distintas, un mismo código: la sensualidad

4. El oscuro universo de Demna, ahora en diálogo con Gucci

Por supuesto, el aire oscuro, contundente y tenso tan propio de Demna sigue ahí. No desapareció. Pero esta vez no se siente completamente impuesto sobre la casa, sino, en varios momentos, en conversación con ella. Y eso cambia mucho.

Aun así, no sentí esa italianidad ni esa herencia en todos los looks. Hubo algunos en los que el universo de Demna apareció de una forma mucho más evidente, incluso por encima del de Gucci, y personalmente no terminaron de convencerme dentro de esta narrativa. En ciertos momentos, la colección se sintió más cercana a su lenguaje personal que al imaginario histórico, sensual y emocional de la casa. Pero quizás esa fricción también forma parte de este comienzo: el intento de encontrar un equilibrio entre una identidad autoral muy marcada y un legado tan poderoso como el de Gucci.

A la izquierda, un look que, personalmente, siento más cercano al universo de Demna que a su mirada para Gucci.
A la derecha, en cambio, un look donde ambos mundos parecen convivir con más claridad –

Un comienzo que todavía está definiéndose

No sabemos todavía cómo seguirá el universo de Demna dentro de Gucci. Es un diseñador aclamado por la crítica y, aunque su estrategia no siempre guste —o incluso incomode a muchos—, suele haber una lógica muy clara detrás de su manera de construir imagen, tensión y deseo.

En este desfile, esa lógica se sintió puesta al servicio de algo más grande que su propio nombre: una propuesta en la que la herencia no queda inmóvil y en la que la sensualidad vuelve a ocupar un lugar central. No sentí una ruptura total, sino una tensión atractiva entre lo que Gucci fue, lo que Gucci todavía es y lo que ahora podría llegar a convertirse.

Y si esta es la base de su historia en Gucci, entonces, al menos para mí, hay algo profundamente interesante en lo que está comenzando.